23 Spanish Disco Stompers

Este mes nos llega al buzón un artículo maravilloso que queremos compartir con todas vosotras, se trata de un texto muy bien narrado con una selección de bombazos de Disco Español. El autor del texto es Don Funkarron, que es como se le conoce mundialmente, aunque según comenta él, en su DNI aparece que se llama Cristian. Según comenta, el origen de su alias es una mezcla de su usuario en Facebook y el nombre de su primera aventura radiofónica La Hora Funkfarrona, programa semanal que se emitió allá por el 2011 y a través de la RUAH (Radio Universitaria de Alcalá de Henares) y que como epílogo a los servicios robados, aparecería en el número 45 de la revista Enlace Funk gracias a José Monreal en un reportaje sobre programas radiofónicos de música afroamericana. Además, Don Funkarron también es discjockey, “Desde el 2014 me he encargado cerrar salas y bares con sesiones donde trato de tocar todos los palos de la música con raíz africana en terreno norteamericano. Variantes del Funk, Soul o Disco, Boogaloo o Afrobeat“.

Su pasión por el género del artículo que leeréis a continuación le viene de lejos tal como describe a continuación de forma tan apasionada. Vale la pena recomendar la lectura del artículo mientras suena su mixtape Hispano Disco Vol. 1. “Desde hacía varios años y de forma totalmente inconsciente llevo descubriendo joyas de la música Disco española allá por donde me permitía el vasto mundo de las subredes de fibra y cobre interconectadas. Un EP de la Fundación Tony Manero picó la larva de mi curiosidad sobre el género un poco más a fondo, acabando en el artículo Ibérica Disco que publicaría Enlace Funk en su número 55“.

En la actualidad sigue haciendo radio en el universo digital: “Hago un podcast mensual llamado Golpes de Beat. Aquí ya reducimos palique en post de las novedades afro de los últimos años en la música afroamericana. Dura media hora y es digerible con vino francés y entrañas de hipster a fuego lento. Sin gafas a poder ser“.

Podéis seguir a Don Funkarron en Instagram. Que disfrutéis de la lectura.

Un directivo cualquiera en una discoteca de Torrejón. Un cuatro por cuatro le saca de su bandeja. Se acerca eufórico al camarero. Pregunta. Aquí se ponen copas. Le señala la cabina. Allí los temas. Tras unos segundos de mirada vacía coge el brazo del pincha casi en el cambio. Éste le mira con desdén pero habrá que escucharle. Entre tanta pata de elefante y camisa abierta, quizás el traje signifique más curro. La mandíbula le permite al fin preguntar por el tema. “Mala suerte” recibe como respuesta. Mosqueado se pira. Un grito le hace volver la cabeza. Mira la portada pegada al cristal. Mañana es viernes. Toca reunión semanal. Les habla de ese tal Harold Melvin que escuchó ayer entre baño y copa. El teléfono del despacho arde en llamadas. A partir de aquí ya conoceis la historia. En otro país, eso sí.

Letras cercanas a la vergüenza. Melodías de primera categoría. El horror y el goce en una misma cara. Ritmos al borde de la arritmia mental y corporal. Producciones pretéritas, coyunturales y transversales a cualquier artista. Nombres habituales y reconocibles entre sus créditos. La música disco grabada en España tuvo esto y algún momento memorable. Conscientemente o no, debieron reinar en la pista de baile. Pero acabaron en el purgatorio. Abramos la tierra entonces.

1. BARRABÁS – WATCH OUT (RCA VICTOR, 1976)
Su importancia como defensores del groove en nuestro país aún merece un homenaje en condiciones. El elemento diferenciador de Fernando Arbex no fue unicamente reunir a un conjunto de músicos en estado de gracia sino también incitar a su participación activa en la composición de los temas. Esto haría que durante su primer etapa pasaran rapidamente de sucedáneos de Santana a abrazar la pista de baile con la pionera “Hi-Jack” (Ariola, 1974). Lástima que fuera la versión de Herbie Mann la que alcanzara el número uno del chart norteamericano, dando incluso para una nueva cover matrioshka más rápida y de la que quizás Jennifer López tenga algo que decir. Lejos de aminalarse presentan dos años después su confirmación como conjunto bailable. Melocotonazos como “Desperately”, sensibilidad al estilo Isaac Hayes con “Sexy Lady” o rompehuesos como “Fire Girl” demuestran porque en nuestro país les creían una banda anglosajona. Fácil de encontrar en cualquier edición y su compra vale la pena. Imprescindible.


2 & 3. THE FLOWERS ORCHESTRA – EL AMOR ES ALGO MARAVILLOSO / FLOWERS ORCHESTRA II (CBS, 1976)

El triunvirato hispano disco formado por Rafael Pérez-Botija, Manolo Gas y Juan Carlos Calderón se unen en este díptico para dar insuflar movimiento a un repertorio de clásicos populares, bandas sonoras del cine norteamericano y alguna composición propia. Publicados el mismo año y con pocos meses de diferencia, la edición del primero de ellos “El Amor Es Algo Maravilloso” convierte la escucha de este medley ilógico en un suplicio. Aún con todo entraría en la lista de los más vendidos, en un claro ejemplo de promoción acorde a las necesidades del mercado que, sin embargo, no tuvo continuidad en nuestra industria. La intro de “High Noon” es carne de sampler gangsta y el single “Valencia/El Relicario” no tiene nada que envidiar a las mejores producciones del momento. El segundo volumen, de intenciones más lounge, no se queda atrás con “Molino Rojo” o “Cuando Me Enamoro”. Sed cautos a la hora de gastar, es difícil encontrar copias en buen estado por mucha descripción que haya. Existe una edición francesa que recoge ambos volúmenes.


4. IBERIA SOUND (RCA, 1976)
El eslabón perdido entre Manuel de Falla y Vince Montana Jr. No lo dudes ni un instante. Esta reconversión de clásicos bailes de salón se encuentra entre los mejores trabajos del género grabados en nuestro país. Encargo de RCA tras el éxito de la Flowers Orchestra, Botija y Gas vuelven a unirse en una barroca producción donde el sonido más xploitation de “España” se mezcla con canónicos cortes como “Quiéreme Mucho”. Sonidos sinfónicos en su máxima expresión que alcanza su clímax en el tema que cierra este long play. Lástima que el público no lo entendiera y al sello le diera igual. Solo hay que ver la portada para dudar si no se trata de un simple truco publicitario de la aerolínea española. Ni siquiera el propio Botija tiene una copia física. De los pocos casos en que la calidad más que la escasez justifica su precio. Píllalo antes de que se entere Dimitri From Paris.


5. SILVETTI – CONCERT FROM STARS (HISPAVOX, 1978)
Necesario y contingente, Bebu Silvetti fue quién más cerca estuvo de popularizar nuestro sonido a nivel mundial. Aportó un cóctel perfecto de lounge para azoteas, soul meloso y sonido Philadelphia que fue perfeccionando desde su llegada a Hispavox con “El Mundo Sin Palabras” (Hispavox, 1976) donde se incluye su éxito “Spring Rain”. Aunque aparecería un año antes en formato single, su inclusión en “Lluvia de Primavera” (Hispavox, 1977) será la que llegó a los oídos de Salsoul Records, que lo editaría en EE.UU. Aunque el compositor argentino alcanzaría la excelencia con este LP, acompañado de los mejores músicos en el terreno sincopado como Pepe Sánchez, Rafael Martínez o Eduardo Gracia. Solo así se entiende como pudo dar forma a anfetamínicas precusoras del Hi-NG como “Velvet Hands” o “Love Secrets”, ésta última con versión lírica de Paloma San Basilio. Desapercibido aquí, The Salsoul Strings no dudaría en versionar el tema de apertura “Sun After The Rain” con arreglos de Thor Baldursson, un habitual del sello neoyorquino y encargado también del “Ven Conmigo” (Sauce, 1978) para el panameño Basilio. Su epílogo “I Love You” (Hispavox, 1980) es igualmente recomendable. Su discografía se ve mucho y a buen precio así que no lo dudéis ni un instante.


6. ALBERT PETER – EL HECHIZO DE BANGKOK (TROVA RECORDS, 1978)
Otros de los mayores secretos del Spanish Groove. Exiliado de la dictadura de Videla y ayudado a su llegada por Waldo de Los Ríos, la carrera de Alberto Nuñez-Palacio en España fue tan efímera como interesante. Éste es el primer volumen de la trilogía “Música Para La Noche”, a medio camino entre el funk de librería y las atmósferas asiáticas propias del cine de los Shaw Brothers. Con “Hechizo De Una Noche”, la macarra “Mujeres, Humo y Alcohol”, precusora del “Going Back To My Roots” de Richie Havens, o “Lucha Tailandesa” que bebe a garrafas de Schifrin y su “Enter The Dragon” se podría acompañar cualquier investigación policial por Torremolinos. De sus dos álbumes posteriores destacan los instrumentales “Juegos Peligrosos” de sospechoso parecido a otro hit mencionado posteriormente o el “Vértigo En La Discoteca” perteneciente al último tomo “Encuentro en Río”. Si os sentís completistas podéis acercaros al dual cover de Lori Butler que produciría para Mayra Gómez-Kemp “The Loving Song / Naturalmente Amor” (Trova Records, 1978) o al “Tu Sei Tu / Una Noche Más” (Trova Records, 1979) de la bonaerense Marcia Bell.


7. SANTAREN & THE LOVIN’ GIRLS – LOVE KILLER (MOVIEPLAY, 1978)
Aquí Rafael Pérez-Botija en solitario se hace cargo de un trío femenino de identidad no del todo aclarada y de cambiantes portadas con modelos diversas para dar forma a otra referencia indispensable. Tras intentarlo con el televisivo tridente Acuario un año antes junto a Ramón Arcusa, lo que aquí tenemos son temas de vocación europea y repercusión local que demuestran la facilidad del compositor para encontrar el equilibrio perfecto entre calidad y popularidad. Prueba de ello serán la cósmica “Spider Man”, posible inspiración para Tobey McGuire en aquella escena de la trilogía de Sam Raimi, o el vengativo floorfiller “Love Killer” de ritmo contagioso desde el primer compás. Con “Dance Tango Tango” alcanzaría el chart nacional de singles algo que a estas alturas parece hasta sorprendente. Es fácil de encontrar a precio de tercio. Ese mismo año grabaría el único single de Mónica Morales “Si O No”, con desconcertante lírica y menor suerte comercial, o el gran éxito de Camilo Sesto “Vivir Así Es Morir de Amor”. No es casualidad que La Casa Azul la insuflara nuevos aires para su rework del 2018.


8. MANOLO GAS & THE TINTO BAND BANG – ESPECIAL GAS-COTECA (POLYDOR, 1978)
De prolífica trayectoria en el terreno de las versiones soul y el pop del momento, su aspecto de desertor recién llegado de Saigon chocan con el escaso reconocimiento posterior de su obra. Tras sus trabajos para el sello Fontana continuaría explorando los recovecos del ritmo con su siguiente conjunto. Siete álbumes en apenas un par de años son testigo de ello. Desde el funk crudo de “A Todo Gas” (Polydor, 1976) hasta las producciones propias del Manhattan Transfer en “Con Sabor Internacional” (Polydor, 1977), claudicaría ante la bola de espejos al rebufo del “Saturday Night Fever”. Distintas film covers de importancia relativa se entremezclan con trallazos de Alejandro Jaén como “Don’t Keep Me Waiting” o “La Trampa” en una producción orquestal y electrónica donde los característicos sintetizadores de la banda aúnan lo guatequero y lo elitista en un mismo sonido. Prueba de ello es una “Luna Arábiga” cuya melodía de aire nostálgico con ecos de Oriente Medio nos lleva al borde del desengaño amoroso. Si hubiera salido de España, Frank Farian estaría temblando. A diferencia de posteriores farsantes de similar aspecto facial, el barcelonés consiguió impregnar sus versiones de un sonido característico para hacer sonar único lo ya conocido. Pregunten a Lack Of Afro. Su precio, como es de esperar, prohibitivo.


9. MAGIC CARPET – LOVE ON THE MAGIC CARPET (CARNABY, 1978)
El Dúo Dinámico pisa la pista. Aún sonando a película de Mariano Ozores, fue un hecho durante la segunda mitad de los setenta. Sus experimentos dieron resultados dispares según qué proyectos personales como Sirarcusa o Backgammon. Pero también fueron capaces de sacar a relucir los atributos bailables de latin lovers como Luis Fierro, Manolo Otero. En este caso decidieron ponerse la chilaba para ejercicios de estilo con los que adelantarse inconscientemente al Acid Jazz de los primerizos Incógnito en “Full Of Love” o el seductor “Oriental Tango”. Ayudados por Rafael Ferro o músicos como Eduardo Leyva junto a las recurridas voces corales de las longevas hermanas Ana María y Victoria Navarrete con Mercedes Valimaña, su calidad sin embargo queda algo ensombrecida por unas composiciones en tierra de nadie. Un quiero y no puedo que varía de precio según la edición, pero complicado verlo por debajo de los veinte euros.


10. NYDIA CARO – ARLEQUÍN (ALHAMBRA, 1978)
Con inicios en las raíces nuyoricanas del Boogaloo, desde principios de los setenta se asienta en nuestro país para convertise en otro producto pop de carácter romántico. En la segunda mitad de la década cuando sería moldeada por Ramón Arcusa y Manuel de la Calva para convertise en diva de elegantes lentejuelas. Aquí se agrupan todos sus temas rescatables. Desde “Palabras de Amor”, con intro acelerada del “Love’s Theme” incluida y arreglos de Jesús Glück, hasta sus aproximaciones al Flamenco de “A Quién Vas A Engañar” versionada posteriomente por la Cantudo. El sonido entronca con las producciones de Philadelphia y Nueva York con una calidad más que notable. Se equivocó de país para triunfar. El cupo melódico rebosaba y el de baile interesaba lo justo. Solo así se entiende que “Keep On Moving” o “Isadora” sean practicamente desconocidas para el gran público. Se recomienda premura a la hora de conseguir una copia, empiezan a escasear.


11. ZOOM – ZOOM (POLYDOR, 1978)
Enésimo intento del productor y batería Jose María Moll para alcanzar el éxito esquivo tras su marcha de Barrabás. Valiéndose de la escisión musical del ballet Zoom surgido de Televisión Española asomaría por la lista de ventas de 1979 con el single de “La Bruja de Salem”. Aunque son las composiciones de Bebu Silvetti y Manuel Tottis como “Que Te Parece Un Sueño” o “Rescate Espacial (Space Rescue)” las que mejor envejecen. El resto del LP se mueve en el eurodisco más comercial de la época con “La Carta (The Letter)” o “Mundo de Fantasía (World Of Fantasy)”. Un año después también se encargará de “Delta Flight” esta vez con arreglos de un Charly Ricanek posterior a sus producciones con Amanda Lear o La Bionda. Ambos se ven poco y éste último a precios exagerados a pesar de su mediocre calidad. Moll por su parte continuaría probando con experimentos tardíos dentro del funk pop como Vandaleon, Isabel Patton o un bizarro featuring con Pepín Tre en Coronel Manciewicz. Actualmente sigue haciendo giras bajo el nombre de Barrabás sin ninguno de los miembros originales.


12. PHIL TRIM – THE GAME OF LOVE (EXPLOSION, 1978)
Arcusa y de la Calva repiten al más puro estilo Gumble & Huff al servicio del otrora cantante de los Pop Tops. En un viraje definitivo hacia los sonidos afroamericanos por los que el trinitense siempre transitó, nos encontramos ante una mezcla desigual de calypso con arreglos souleros. Inspiraciones indirectas del Stayin’ Alive de los Bee Gees en “Everybody Knows” o covers de grandes éxitos como “Mammy Blue”, en una revisión cósmica más que decente, preceden a su mejor composición. El tema homónimo al álbum refleja los vicios sonoros del dúo con una producción electrónica tamizada de sus arreglos orquestales tan característicos. No se le puede negar su indudable parecido con “Give Me Your Love”, su tema bailable más popular y que conocería otra versión cantada por el terror de los maridos Julio Iglesias. Ideal para pinchar en el momento de éxtasis y fácil de encontrar.


13. JUAN CARLOS CALDERÓN – CALDERÓN DISCO (CBS, 1979)
He aquí uno de los santos griales. La polivalencia de Juan Carlos Calderón en la música popular española ha ocultado su labor casi didáctica en el desarrollo de la música de origen afroamericano desde finales de los sesenta. Con los tres volúmenes de su “Taller de Música” para el sello CBS, pondría los disco-cimientos del país. Rompepistas de éxito “Bandolero” o “Fiesta” se mezclarían con soflamas apocalípticas del calibre de “Dies Irae” cuya influencia directa es el “Love Is The Message” de la MFSB. Tras llegar a dejar su huella bailable incluso en sus fieles Mocedades, decidió dar el paso definitivo junto a Joaquín Torres y dar forma a algunas de las mejores composiciones bailables con denominación de origen. Los arreglos electrónicos que inundan cada uno de los temas dejan clara su querencia por el Hi-NG más frenético precediendo a Susana Mendizabal con “Mr Pianoforte” o “Latin Lover”. La elocuente “I’m Sick Of This Album” suena premonitoria por la suerte que correría este LP, retirado casi a la semana de ser publicado y promocionado en TVE. En palabras del cántabro, el sello se excusó afirmando que “ahora se llevan las baladas”. No debieron atender al título. No es casualidad que la Fundación Tony Manero versionara “Dame Un Poco De Tu Amor” para su EP “Very Important Discotecas”, germen de mi fijación por el género local. En otra realidad alternativa habría sido un éxito de ventas. Otra ocasión perdida que, por desgracia, obliga a rascarse el bolsillo para conseguir una buena copia.


14. JOSEP LLOBELL – OLIVER’S PLANET (ARIOLA, 1979)
Era el elegido. Tras Moroder y Cerrone, Llobell debió ser el siguiente en alcanzar el éxito en toda Europa. Un álbum sin paliativos desde el primer hasta el último corte y principal culpable de la existencia de esta lista. Lógica evolución del hombre tras el proyecto Enterprise llegando a grabar hasta cuatro entre 1975 y 1978, dos de ellos reeditados por Adarce Records. Lo que aquí escuchamos es una grabación de aires cósmicos gracias a “Let Me Fly To The Stars” o la brutal “Dance Machine” unidos a temas más atmosféricos del estilo de “Cosmic Rain” que hubieran servido a Vangelis para la banda sonora de Blade Runner. Cuesta creer que pasara desapercibido el año que triunfó Patrick Hernández o Boney M. Quizás tuviera que ver la decisión del sello de exportarlo directamente al mercado europeo sin apenas promoción por estas tierras sin entender que el éxito siempre se expande, no se contrae. Al menos lo disfrutaron en Alemania, que ya se adelantaron con el recopilatorio “The Best Of 1975- 1980” (Private Records, 2013), algo más accesible que el original.


15. SERGIO Y ESTÍBALIZ – BEANS (ZAFIRO, 1979)
O como pasar de pareja folk con evocaciones norteamericanas al dúo más rítmico del pop español. Derrape de 180 grados hacia el bubble gum bailador en una rara avis de su discografía desde la colorista portada. Pero inmediatamente bajamos la ceja al comprobar que detrás de todo se encuentra Fernando Arbex, encargado de pulir gemas como “Little Maggie”, revisión medianamente camuflada del “Born To Be Alive”, la rockera “Action” o el sonido europop “Stay On The Line”. Su actuación para TVE rescatada en el capítulo dedicado al spanish disco de “Cachitos de Hierro y Cromo” dio mucho que hablar. Anomalía sonora incomprendida por sus fans e ignorada por el resto, no volverían a acercarse a la música de baile. Tampoco hizo falta. Era necesario el paso de varias décadas para fumigar los prejuicios pertinentes y valorar su digno atrevimiento. Aquel sería un año inquieto para Arbex, quien probaría las dos caras del género con el “Shoot Me In The Back” de Miguel Bosé y “Bravo New York” del guitarrista Miguel Morales bajo el anglosajón nombre de Michael Stone, ambos recogidos en un single modélico.


16. ÁNGELA CARRASCO – QUERERTE A TI (ARIOLA, 1979)
La particularidad en la posición de la industria musical española respecto al género lleva a encontrarnos flagrantes casos de álbumes melódicos con easter eggs bailables. Aquí la culpa la tendría Camilo Sesto como productor y con experiencia demostrable en estos sonidos, juntando para la ocasión a Alejandro Monroy, el ex-canario René de Coupaud y Joaquín Torres. El primero se encargaría de arreglar la jacksoniana “Mamma”. El segundo echó mano de apabullantes vientos y cuerdas para dar forma a la trepidante “Quiero Bajar de Mi Nube”. En ambas es probable que el potente sonido proceda de la banda Alcatraz, utilizados por Camilo para sus directos y giras durante esa época. Torres sin embargo se encargaría casi en solitario de un “Ibiza” con el que se adelante varios años a Prelude Records. Inevitable quemar suela ante esta precusora indirecta del “Cocaine Blues” de Escort. Es difícil encontrar copias en buen estado. Quizás otros vieron antes lo mismo que nosotros.


17. TITO DUARTE – I’AM THE BOSS (RCA VICTOR, 1979)
Con la separación de Barrabás sus miembros se dispersaron cual maquis frente a directrices discográficas. El multinstrumentista cubano Ernesto Alberto Duarte ya había demostrado su reputación en varias grabaciones apreciadas por los cazadores de ritmos. Su visión consciente de la música de baile afroamericana fuera de los clichés se convierte aquí en un apéndice de su antigua banda. Contaría para ello con varios de los más curtidos músicos en estos sonidos como Carlos Villa, Carles Benavent o Max Sunyer. Solo así se entienden las inspiraciones jazz funk bailables deudora de Dexter Wansel como “Ten Years After The Moonwalk” e incluso funkadélicas delicias del corte de “Let It All Hang Out”. Reivindicado en su día por Jose Ángel Díaz Durán (DJ Jadd) que incluyó el tema “Wild Party” en el primer volumen de la serie Improvisto, será el himno ludópata “Gambling Fever” el que mejor condensa toda su herencia. Ese mismo año lanzará un segundo y muy cotizado LP con su banda Caña Brava bajo el bailable nombre de “Latin Disco Fever” (Duher Productions, 1979).


18. BANZAI – BANZAI (EMI, 1980)
El lince ibérico del Latin Dance. Con Josep Mas Kitflus y Josep María Bardagí a la cabeza, este proyecto surgido como un encargo del sello EMI hizo valer los sabores tropicales asentads en la Ciudad Condal para aderezar un álbum claramente enfocado a las discotecas. Balearic antes que nadie, temas como “I’m Tired Of Being Your Pretty Face” o el hit “I Wanna Dance” probablemente sonarían en sesiones crepusculares durante la segunda mitad de los ochenta en las cabinas ibizencas entre bandejas neoliberales. Incluso el tema “Runaway” se editaría en Reino Unido bajo un remix de Chris Palmer para su propio sello Groove Productions. No es de extrañar que esta copia llegara a manos del dúo electrónic Faze Action que incluiría su versión original en el sexto volumen del recopilatorio “Under The Influence” (Z Records, 2018) que ellos mismos seleccionarían.


19. CAPPUCCINO – CAPPUCCINO (HISPAVOX, 1980)
Hubo vida después de Bebu. En este caso la cooperación hispano italiana de la mano de Danilo Vaona, su sustituto en el sello madrileño y experto en cirugías bailables para artistas tan dispares como Ana Belén, Mari Trini, Jose Luis Perales o Massiel. Grabación única surgida el mismo año que “The Glow Of Love” (Warner Bros, 1980) de Change. La trayectoria de una y otra banda es el reflejo más claro del interés de cada país por el género. Trabajo recurrente para aderezar quinquixploitations como “Deprisa Deprisa” (Carlos Saura, 1980) o la reivindicable “Chocolate” (Gil Carretero, 1981), el mismo “Hell Dance With Me” conocería un remix para el recopilatorio The Kings Of Disco. Pero esto no significa que obviemos otros temas como la infecciosa “Tomorrow”, que bien podrían firmas las Sister Sledge, o la joya de la corona “Lucky Woman” donde nuevamente la influencia de Chic es más que evidente. Su compra es obligada si disfrutas de la música disco sin concesiones. La recompensa a su precio es alta.


20. PABLO ABRAIRA – VIDA (MOVIEPLAY, 1981)
Otra obra disidente del patrón romántico. Apuntaba maneras con Los Grimm, pero el público mandaba y el cantante de eterno mostacho se metió de lleno en las líricas de temática empalagosa. Álbum de inspiración wonderesca que se abre camino entre Aquarian Dream con “Junto A Ti” y el sonido propio de Hall & Oates en “Seguirá La Vida” en un agradecido pop soul cuyo uso ejemplar de los sintetizadores alcanza la cumbre nada más caer la aguja con “Muévete”. Aún a día de hoy sorprende la capacidad de atracción de ese riff inicial de guitarra que te atrapa cual Anaconda sin Ice Cube de por medio. De lo mejor que se ha hecho por estos lares. Nuevamente Joaquín Torres en el ajo, fan confeso de los Brothers Johnson y que intentó desarrollar su visión de la música afroamericana siempre que pudo desde su propio estudio Torres Sonido. Ejemplos como “Super Afro” de Max B o “Escalera Al Cielo” de Manglis dentro del jazz-rock dan fé de ello.


21. SUSANA ESTRADA – AMOR Y LIBERTAD (SAUCE, 1981)
Erotic groove al servicio de letras sexualmente explícitas y extrañamente emancipadoras en la línea de Lola Martínez, Judy Preston o Samantha. Sello de calidad Llobell junto a la banda Atlanta para dar con el sonido boogie necesario temas condenados al ostracismo de carretera o el antro de neón como “Quítate El Sostén” y “Hagámoslo Juntos”. Si quieren más prueben a escuchar las veladas insinuaciones al “Another One Bites The Dust” en “Un Sitio Bajo el Sol” o la versión del “Rapper’s Delight” renombrada como “Mi Chico Favorito”, con gemidos más propios del cálculo renal. Si llegan hasta ahí, el satisfyer synth “Gózame” entra solo. Casi todo es altamente pinchable, editable y remixable, como bien lo demuestran los Cosmic Edits de Guerssen Records. El sello de Lleida ha sido el responsable de recuperar gran parte de este long play junto a grabaciones del cassette “Machos” en el recopilatorio “The Sexadelic Disco Funk Sound of Susana Estrada”. El álbum original lo reeditaron en 2019 para no tener que echar mano de la especulación.


22. ATLANTA – ATLANTA (EDI-MASTER, 1982)

Reencarnación directa de Earth, Wind & Fire, ya hemos visto los inicios de la banda al servicio del sello Belter y subfiliales como Sauce. Mientras eso ocurrió también dieron rienda suelta a sus influencias más evidentes gracias en gran parte a su engrasada sección de vientos y unas composiciones que demostraban su conocimiento del funk y el soul. Comenzarían bajo el nombre de Taxi con sus primeros maxis “55” (Edi-Master, 1981) y “55 Avenue” (Edi-Master, 1982) en alusión a la discoteca barcelonesa del mismo nombre y donde la cara B de este último podría considerar precusor algo primitivo del house de Chicago. En este primer larga duración prima el sonido orgánico de piezas como “Fantastically”, “Never” o el boogie “Out Of My Life”. Sobra cierta mano en la postproducción con unas transiciones ciertamente chapuceras entre el medley y la edición narcoléptica. Tanto éste como el siguiente, de similar calidad, se ven a precio de coltán. Será mejor esperarse a una reedición en condiciones. Suerte.


23. JOAN BIBILONI BAND – PAPI, ARE YOU OK? (BLAU, 1986)
Epílogo de la música disco en nuestro país hasta practicamente una década después bajo otras influencias. Consciente de sus intenciones, el conjunto liderado por el guitarrista mallorquín aúna un sonido setentero tardío que no obsoleto y el Acid Jazz incipiente. Aquí se confirma su calidad como compositor ya vislumbrada en singles como “El Cumpleaños de Jaimito / Jazmín 29” o el single “Carolina” para Jordi Serrás. Aquí serán dos los must que parecen salidos de una grabación oculta de West End Records, “The Boogie” cuyos vientos piden a gritos ser sampleados, o “Valerie” cuya voz femenina bien podríamos confundir con una Jocelyn Brown isleña. Se grabaría en los estudios Maller, pertenecientes al mismo sello que durante la década anterior se aproximaría en varias ocasiones al sonido de moda para el mercado turista. No busquéis el original e ir directamente a la edición holandesa del 2014 que recopila su lado más groovie bajo el nombre de “El Sur”.

P.D: Mención especial para todos aquellos descubridores que han hecho posible esta lista por sus aportaciones directas o indirectas a lo largo de los años como Don Sicalíptico, Sace 2, DJ Kigo, Juan Maltés, Txarly Brown, Miguel Ángel Tello, Julio González, Miguelito Superstar o Lalo López.


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